El miércoles que viene es el día contra el maltrato de género, y tenía pensado verter aquí mis preocupaciones sobre sus causas y sus manifestaciones. No soy una experta ni mucho menos, y casi todo lo que diga ya lo tendréis bien sabido, pero a veces es mejor hablar de más que ignorar el tema, y éste me parece uno que debe ser explotado no desde un punto de vista sensacionalista sino desde un punto de vista social y emocional. De modo que voy a exponer mis escasos conocimientos y mis múltiples emociones al respecto procurando dejar los distorsionados tópicos al respecto a un lado. Aquí la primera parte.
Puedo rememorar al menos una docena de veces en que, al salir en las noticias casos de violencia machista, mi padre dijera en broma "cariño, eres una mujer desgraciada: no te pego". Puede parecer una broma grotesca si la leéis en seco, pero lo cierto es que tiene más sentido común del que aparenta: desafortunadamente los celos y la posesión son confundidos con "señales de amor", y quizás estéis pensando que en casos de maltrato sí, que una minoría lo piensa, pero, realmente, ¿somos conscientes desde a qué punto son cosas que damos por sentado en las relaciones?
Precisamente hará cosa de un mes una amiga insinuó que no podía sentir nada hacia Mr. X precisamente por mi falta de celos o necesidad de posesión; no obstante es algo que cualquiera que nos haya visto juntos sabe que NO es cierto. Pero es algo que piensan muchos, demasiados.
Algo que a menudo olvidamos es que la violencia machista no se debe únicamente a mentes débiles de tipo agresivo o pasivo, a menudo olvidamos que es algo mucho más global, más arraigado no sólo en estas personas, sino en todos nosotros, enterrado en nuestro constructo cultural y, por tanto, subjetivo. Reduciéndolo a la mínima expresión: diferencia de género. Un hombre ha de ser fuerte y dominante y una mujer debe ser complementaria.
Naturalmente es un constructo arcaico y del que día a día se van desprendiendo más y más piezas y, quién sabe, puede que nuestros nietos ni los entiendan. No es nuevo que la liberación de la mujer ha, por un lado, eliminado de forma evolutiva esta clase de expresiones y, por otro, la ha recrudecido en el lado de los inadaptados, de aquellos que no pueden aceptar el cambio, de aquellos que reaccionan a la evolución dando un par de pasos hacia atrás.
Recuerdo que una profesora de literatura que tuve en el bachillerato nos habló de la tesis que había presentado, precisamente era una tesis sobre la visibilidad y la postura frente al maltrato machista a lo largo de la historia en nuestra cultura, reflejada en la literatura.
Recuerdo concretamente los ejemplos de "las manchas del honor con sangre se limpian" (matar a la víctima de violación para limpiar el honor familiar, algo que en algunas culturas sigue vigente) y la violación de las hijas del Cid en El Cantar del Mío Cid (en que el maltrato a las hijas del héroe era visto como una afrenta a él, no un salvaje ataque a ambas mujeres).
Sinceramente no soy una experta en la materia y está claro que no se me da bien ordenar las ideas en este tema, mi cerebro tiende a crear una espiral de ejemplos y la indignación suele superar a la coherencia. El machismo me indigna mucho.
Mi cerebro se vierte en Las Esposas de Stepford, en esas miles de declaraciones de "no lo hace siempre", en las de "algo habrá hecho" o en las de "la maté porque era mía"; Me inunda el conocimiento de saber que estas situaciones se repiten a pequeña escala a mi alrededor, cuando empiezo a oír esos comentarios sobre la ropa, sobre que flirtean con otros hombres, sobre las llamadas constantes cuando saben que están con un amigo varón... cuando oigo esas réplicas a las advertencias de "lo hace porque se preocupa" o "ya lo sé, pero le quiero"... y sigue habiendo gente que se extraña de que haya mujeres que se quedan en casa de su abusador a la espera del día de su ejecución pasional.
Oigo en mi cabeza esos comentarios sobre el aspecto de una mujer en un tono que las deja a la altura de una muñeca hinchable, veo los intentos por ser un marco apropiado y después la incomodidad de ser reducida a objeto decorativo de muchas de mis congéneres. Se hacen eco en mí esas burlas de "a esa lo que le falta es una buena polla" cuando se habla de mujeres que aman a mujeres, huelo el azufre en cada comentario subido de tono que se me hace sin que yo haya dado permiso, y es que mi género no es una tarjeta de invitación a que me imagines desnuda y ni te molestes en disimularlo.
Y ahí están las insinuaciones de que la masculinidad se basa en unos genitales funcionales, grandes hasta el punto de lo grotesco, y constantes demostraciones de fuerza y mal genio testosterónico. La impotencia, la homosexualidad o la debilidad física te hace automáticamente una "nena", y el género femenino se convierte en un apelativo despectivo.
Y si no me llamas cada día es porque no me quieres, y si miras a otro es que te lo quieres tirar, y esa tiene que ser una bollera porque no se arregla, y una mujer estéril o que no desea tener hijos es una aberración, o una amargada, o una bruja; y una mujer no puede tener éxito, porque tiene que elegir entre lo profesional y lo familiar, y se supone que la familia es el climax vital de una mujer...
Ahí tenemos las señales, gritándonos todos los días, avisándonos de una verdad que es más cómodo ignorar, y eso hacemos todos los días: ahí tenemos ese corsé cultural intentando asfixiarnos todos los días, haciéndonos partícipes de la perpetuación y la indulgencia frente a estos casos: la mayoría de vosotros puede dar esa primera bofetada o ese primer puñetazo, cualquiera de nosotras puede recibirlo. Y qué demonios haremos después puede trazar la diferencia entre vida y muerte, entre dignidad o vejaciones.
Pero, miremos a la verdad a la cara y estremezcámonos ante la cruda realidad: hay un largo camino recorrido antes de llegar al primer golpe.
Puedo rememorar al menos una docena de veces en que, al salir en las noticias casos de violencia machista, mi padre dijera en broma "cariño, eres una mujer desgraciada: no te pego". Puede parecer una broma grotesca si la leéis en seco, pero lo cierto es que tiene más sentido común del que aparenta: desafortunadamente los celos y la posesión son confundidos con "señales de amor", y quizás estéis pensando que en casos de maltrato sí, que una minoría lo piensa, pero, realmente, ¿somos conscientes desde a qué punto son cosas que damos por sentado en las relaciones?
Precisamente hará cosa de un mes una amiga insinuó que no podía sentir nada hacia Mr. X precisamente por mi falta de celos o necesidad de posesión; no obstante es algo que cualquiera que nos haya visto juntos sabe que NO es cierto. Pero es algo que piensan muchos, demasiados.
Algo que a menudo olvidamos es que la violencia machista no se debe únicamente a mentes débiles de tipo agresivo o pasivo, a menudo olvidamos que es algo mucho más global, más arraigado no sólo en estas personas, sino en todos nosotros, enterrado en nuestro constructo cultural y, por tanto, subjetivo. Reduciéndolo a la mínima expresión: diferencia de género. Un hombre ha de ser fuerte y dominante y una mujer debe ser complementaria.
Naturalmente es un constructo arcaico y del que día a día se van desprendiendo más y más piezas y, quién sabe, puede que nuestros nietos ni los entiendan. No es nuevo que la liberación de la mujer ha, por un lado, eliminado de forma evolutiva esta clase de expresiones y, por otro, la ha recrudecido en el lado de los inadaptados, de aquellos que no pueden aceptar el cambio, de aquellos que reaccionan a la evolución dando un par de pasos hacia atrás.
Recuerdo que una profesora de literatura que tuve en el bachillerato nos habló de la tesis que había presentado, precisamente era una tesis sobre la visibilidad y la postura frente al maltrato machista a lo largo de la historia en nuestra cultura, reflejada en la literatura.
Recuerdo concretamente los ejemplos de "las manchas del honor con sangre se limpian" (matar a la víctima de violación para limpiar el honor familiar, algo que en algunas culturas sigue vigente) y la violación de las hijas del Cid en El Cantar del Mío Cid (en que el maltrato a las hijas del héroe era visto como una afrenta a él, no un salvaje ataque a ambas mujeres).
Sinceramente no soy una experta en la materia y está claro que no se me da bien ordenar las ideas en este tema, mi cerebro tiende a crear una espiral de ejemplos y la indignación suele superar a la coherencia. El machismo me indigna mucho.
Mi cerebro se vierte en Las Esposas de Stepford, en esas miles de declaraciones de "no lo hace siempre", en las de "algo habrá hecho" o en las de "la maté porque era mía"; Me inunda el conocimiento de saber que estas situaciones se repiten a pequeña escala a mi alrededor, cuando empiezo a oír esos comentarios sobre la ropa, sobre que flirtean con otros hombres, sobre las llamadas constantes cuando saben que están con un amigo varón... cuando oigo esas réplicas a las advertencias de "lo hace porque se preocupa" o "ya lo sé, pero le quiero"... y sigue habiendo gente que se extraña de que haya mujeres que se quedan en casa de su abusador a la espera del día de su ejecución pasional.
Oigo en mi cabeza esos comentarios sobre el aspecto de una mujer en un tono que las deja a la altura de una muñeca hinchable, veo los intentos por ser un marco apropiado y después la incomodidad de ser reducida a objeto decorativo de muchas de mis congéneres. Se hacen eco en mí esas burlas de "a esa lo que le falta es una buena polla" cuando se habla de mujeres que aman a mujeres, huelo el azufre en cada comentario subido de tono que se me hace sin que yo haya dado permiso, y es que mi género no es una tarjeta de invitación a que me imagines desnuda y ni te molestes en disimularlo.
Y ahí están las insinuaciones de que la masculinidad se basa en unos genitales funcionales, grandes hasta el punto de lo grotesco, y constantes demostraciones de fuerza y mal genio testosterónico. La impotencia, la homosexualidad o la debilidad física te hace automáticamente una "nena", y el género femenino se convierte en un apelativo despectivo.
Y si no me llamas cada día es porque no me quieres, y si miras a otro es que te lo quieres tirar, y esa tiene que ser una bollera porque no se arregla, y una mujer estéril o que no desea tener hijos es una aberración, o una amargada, o una bruja; y una mujer no puede tener éxito, porque tiene que elegir entre lo profesional y lo familiar, y se supone que la familia es el climax vital de una mujer...
Ahí tenemos las señales, gritándonos todos los días, avisándonos de una verdad que es más cómodo ignorar, y eso hacemos todos los días: ahí tenemos ese corsé cultural intentando asfixiarnos todos los días, haciéndonos partícipes de la perpetuación y la indulgencia frente a estos casos: la mayoría de vosotros puede dar esa primera bofetada o ese primer puñetazo, cualquiera de nosotras puede recibirlo. Y qué demonios haremos después puede trazar la diferencia entre vida y muerte, entre dignidad o vejaciones.
Pero, miremos a la verdad a la cara y estremezcámonos ante la cruda realidad: hay un largo camino recorrido antes de llegar al primer golpe.







